Hay coches que llaman la atención por su motor. Otros, por su diseño. Y luego está el Plymouth Road Runner Superbird.
Su enorme alerón trasero, el frontal alargado y los faros escamoteables hacen que sea prácticamente imposible confundirlo con cualquier otro coche. Pero detrás de esa imagen tan exagerada existe una razón muy concreta: el Superbird nació para competir en NASCAR.

Y para entender por qué Plymouth llegó a construir un coche así, tenemos que volver a finales de los años 60.
Del Road Runner al Superbird
Plymouth había lanzado el Road Runner en 1968 como un muscle car sencillo, potente y relativamente asequible. Su nombre procedía del famoso personaje de Warner Bros., una colaboración que acabaría convirtiéndose en una de las señas de identidad del modelo.
Pero en NASCAR la potencia empezaba a no ser suficiente.
Chrysler había comprobado con el Dodge Charger Daytona de 1969 que la aerodinámica podía marcar una diferencia enorme a velocidades elevadas. Plymouth decidió aplicar aquella experiencia al Road Runner y crear su propia máquina aerodinámica.
Así nació el Road Runner Superbird.
El proyecto tuvo que desarrollarse con enorme rapidez. NASCAR había cambiado sus requisitos de homologación y para 1970 Plymouth necesitaba construir alrededor de 2.000 unidades para la calle. El desarrollo completo se realizó en aproximadamente seis meses.
El alerón que lo cambió todo
El elemento más reconocible del Superbird es, evidentemente, su alerón.
Pero su tamaño y su altura no eran un capricho.
Plymouth alargó el frontal, ocultó los faros bajo unas cubiertas aerodinámicas y colocó el enorme alerón trasero sobre dos soportes elevados. La intención era situarlo en una zona donde recibiera un flujo de aire menos alterado por la carrocería y pudiera generar carga aerodinámica de forma más efectiva.
Incluso los soportes tuvieron que diseñarse teniendo en cuenta algo tan poco espectacular como poder abrir el maletero.
El resultado fue uno de los coches más reconocibles de la era de los llamados aero cars de NASCAR.
Menos de 2.000 unidades
El Superbird tuvo una vida extremadamente corta.
Todos fueron fabricados en 1970 y las cifras de producción varían ligeramente dependiendo de la fuente. Los registros de NASCAR hablan de 1.920 unidades, mientras que los registros históricos de Chrysler sitúan la cifra en 1.935. En cualquier caso, hablamos de aproximadamente 1.900 coches.
Para un automóvil concebido alrededor de la competición, aquello era suficiente para cumplir con los requisitos de homologación.
Y lo más curioso es que aquellos coches destinados a la carretera conservaban buena parte del carácter radical del proyecto original.
Tres V8 para elegir
Plymouth ofrecía tres motores principales: el *440 Super Commando, el 440 Six Barrel y el legendario *426 Hemi. También se podía elegir entre cambio manual de cuatro velocidades y la automática TorqueFlite.
El 440 de esta unidad es un V8 de 7,2 litros y 390 CV, asociado a una transmisión automática TorqueFlite 727.
Con 490 lb-ft de par —unos 664 Nm—, tenía una respuesta contundente incluso comparado con los estándares de los muscle cars de la época. Una prueba de época de un Superbird 440 con cambio automático registró 14,26 segundos en el cuarto de milla.
El Superbird que fotografiamos
La unidad que fotografiamos en Valencia es un Plymouth Road Runner Superbird de 1970, acabado en naranja y con interior original de vinilo negro.
Según la información disponible del vehículo, cuenta con *48.279 millas, aproximadamente 77.700 kilómetros, y conserva su motor original y sus principales componentes. También figura como *matching numbers.
El coche ha sido restaurado de carrocería, pintura e interior, y uno de los aspectos que más llama la atención es precisamente el acabado de la pintura, trabajado hasta conseguir ese efecto prácticamente de espejo.
Y sí, el Correcaminos hacía “beep beep”
Hay un último detalle que resume bastante bien la personalidad del Road Runner.
El famoso Correcaminos que aparece en los laterales no es una decoración posterior. Plymouth adquirió los derechos para utilizar el personaje de Warner Bros. y lo convirtió en parte de la identidad del modelo.
Incluso el claxon reproducía su famoso sonido.
Es una de esas decisiones que podrían parecer una simple estrategia de marketing, pero que con el tiempo terminaron convirtiéndose en parte inseparable de la historia del coche.
De coche de carreras a leyenda
El Superbird no tardó en demostrar para qué había sido creado.
Pete Hamilton ganó con un Superbird de Petty Enterprises las Daytona 500 de 1970, y Richard Petty regresó a Plymouth para competir con uno de estos coches.
Pero la historia competitiva del Superbird duró poco. Los cambios posteriores en las reglas de NASCAR redujeron la ventaja de los coches aerodinámicos y el concepto perdió rápidamente su sentido competitivo.
Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan especial al Superbird.

Fue concebido para resolver un problema muy concreto, construido durante un único año y producido en cantidades muy limitadas.
Más de cincuenta años después, sigue siendo imposible verlo sin detenerse.
Porque aquel enorme alerón que en 1970 parecía una exageración no era decoración.

Era la respuesta de Plymouth a una pregunta muy sencilla:
¿Cómo hacemos que un muscle car sea más rápido cuando el enemigo es el aire?
La respuesta fue el Plymouth Road Runner Superbird.
